Los salineros...
En el límite de la sexta y séptima regiones chilenas existe un lugar perdido en la costa, Boyeruca se yergue al viento inclemente, aferrado a la vida artesanal y al poco turismo, por sobrevivir, campesinos del mar, pescadores y salineros, cobijados en los terratenientes del siglo XXI quienes les han entregado dádivas territoriales a cambio de protección de sus bellas, fastuosas e insolentes mansiones, ante la pobreza porfiada de sus habitantes.
En Boyeruca se alzan oficios en peligro de extinción en el Chile neoliberal, los secadores de Cochayuyo y los salineros sobreviven aun por esas zonas costinas.
Los Incas, fueron quienes, según la historia de los conquistadores, los primeros en convertirse en “mineros del agua”.
Los Salineros han estado “sembrando” la tierra con agua de mar, para así cosechar sus preciosos cristales de sal en un proceso que dura 6 meses, sus increíbles parcelas, donde se refleja el sol y la pobreza del lugar, se extiende por varias hectáreas, con mar que llega de entradas cuales ramales de ríos salinos, que desembocan en la tierra donde estos hombres y mujeres cosechan y comercian la sal a un precio mísero, considerando el trabajo que cuesta inundar las parcelas para, finalmente, secar esa sal, deliciosa y sublime que llega a algunas mesas chilenas y extranjeras, comprada por personas que llegan a estas costas perdidas, en busca de lugares cada vez más ocultos de las “bondades” de la modernidad.
















