Los Chacayes, Cordillera de Los Andes...
Los “Bailes Chinos” son una expresión cúltica y popular que nacen hace cientos de años en las regiones Coquimbo y Valparaíso, mezclan la danza, el canto y la música para expresar la devoción del pueblo llano, principalmente mineros, campesinos y pescadores artesanales.
El nombre Chino proviene del idioma quechua para designar a la parte femenina del reino animal, que luego, durante la colonia, se transformó y masculinizó "chino", en su significado como "servidor" que es el significado más reconocido hasta el día de hoy. Fue además una expresión de la clase alta dominante chilena de siglo XIX que denominaba chino y china a las sirvientas y a los peones de la casa patronal en servicio doméstico. Una perspectiva más crítica de la denominación, nos dice que el nombre baile chino, emergió en los tiempos en que ya la cultura indígena fue negada por la naciente república y la imposición de sus códigos nacionalistas en oposición a la colonia.






En la zona central de Chile, existe una pequeña localidad semi montañosa-rural denominada “Los Chacayes”, se encuentra en la antigua ruta “Camino Del Inca” que data desde el año 1400, si bien es cierto los orígenes de las fiestas de Chinos en Chile son, principalmente, desde la colonia española, este baile en particular tiene antecedentes que datan desde aquella época antigua.
La Cofradía de la “Cruz de Mayo de Los Chacayes” tiene al menos 200 años, su capilla está a la vera de la ruta internacional hacia Argentina y su fiesta es única en sus rituales y devoción.







La solidaridad expresada por los y las fieles originarios de la zona es única. Aceptan y agasajan a los visitantes, que son pocos por cierto, cada vez que se celebra su fiesta. La experiencia que uno puede sentir ante tamaña humildad y creciente devoción, alejada de la fanfarronería de la ciudad y sus iglesias fastuosas y curas con bordados de oro, lo hace a uno sentirse pequeño ante tanta alegoría y rito cristiano.
La fiesta dura 2 días, la Cofradía de Chinos cantan en coplas improvisadas, comandados por el “Alferez”, título casi nobiliario, que refleja la fuerte autoridad que éste ejerce en el momento del rito, acompañándolo de vez en cuando con su interminable y constante sonido de flautas de madera, adornando de música todo el lugar. El tambor marca el ritmo y secunda al alférez a la hora de danzar y rendir las plegarias.







En la noche del primer día la “Cruz” sale de la capilla, casi colonial, para desfilar por el pequeño patio que la rodea y es depositada a altas horas de la madrugada en la parte posterior del predio, desde allí en procesión se vuelve a la capilla, y las cantoras y cantores cantan alabanzas en décimas durante toda la noche. Al otro día se celebra misa, los chinos salen a recoger la cruz y la devuelven en procesión a la capilla. El altar, ya oscurecido por una negra tela, espera las últimas alabanzas y despedidas hasta el próximo año, y sus cantores, alférez y danzarines de todas las edades, dejas sus indumentarias e instrumentos en el altar, resguardados por las “mayordomas”, hasta el siguiente mes de mayo, para repetir el ritual sagrado e interminable de la devoción popular.
El Baile Chino fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por la UNESCO, en noviembre del año 2014.






