Cerranías de Valparaíso

"...yo era un niño del cerro que soñaba bajando y subiendo..." (Gitano Rodríguez)

El anfiteatro que da forma a la ciudad de Valparaíso a veces pareciera simplemente un caparazón, que encubre una vida llena de detalles; calles minuciosas, perspectivas diversas, construcciones imposibles que atrapan un mismo horizonte.

El infinito laberinto de escalas que unen cerros y plan, en un ir y venir de hombres y mujeres de todas las edades, que bajan “al plan”, a los puntos de encuentro donde la ciudad se articula y luego de cada jornada vuelven al hogar en los cerros, donde se construyen las esperanzas que se elevan como volantines al horizonte infinito del mar, que trae la música salina que encanta a sus habitantes.

Valparaíso se levanta y construye desde lo intuitivo, donde no hubo calle, se abrió la senda que la cultiva, se necesitó espacio para darle sentido y conexión al plan de la ciudad y su habitante le pidió permiso al mar, para levantar sus plazas y estrechas calles, se necesitó escaleras, que se dibujaron en las faldas de las quebradas donde hombres y mujeres plantaron sus casa, como atalayas, que conversan eternamente con el mar y el viento.

¿Pero también podemos preguntarnos donde están las clases sociales, lo social de Valparaíso, lo indígena y lo autosustentable? ¿Dónde quedó esa vida? ¿Enterrada? Por ahí, entre cerros aun anda, se ve, la encontramos si nos detenemos a observar con delicadeza. ¿Es una vida inmaterial, ya fantasmagórica?

Quisiera contribuir a dar profundidad a la discusión sobre el patrimonio en Valparaíso, que está centrado fuertemente en lo material, en los edificios, olvidando los trayectos, que están allí por los habitantes y que se ubican entre lo material y lo inmaterial, mostrando justamente esa vida que pasa, que sube y baja, desde los cerros y quebradas al pan o que cruza de cerro a cerro, a través de quebradas y escalinatas y callejones, que les unen, para que en esa identidad pueda ser reconocido, valorado y difundido dentro de la propia ciudad, del país y de todo extranjero que la visita, en el ir y venir de los encuentro, para que Valparaíso sea parte del conocimiento y de la emoción de quien de veras siente que lo ha hecho suyo.